Gallus lafayettii (Lesson, 1831)LC — Preocupación menor
Su nombre rinde homenaje al marqués de La Fayette (1757-1834), general y político francés.
🇪🇸 Gallo de Ceilán o gallo de Lafayette🇬🇧 Ceylon junglefowl / Sri Lankan Junglefowl🇫🇷 Coq de Lafayette🇩🇪 Ceylonhuhn🇮🇹 Gallo selvatico di Ceylon🇵🇹 Galo-cingalês
El gallo de Lafayette (Gallus lafayettii), también llamado gallo de Ceilán, es un ave de la familia Phasianidae y del género Gallus, propia del sur de Asia y catalogada por la UICN como de preocupación menor.
Es uno de los cuatro gallos silvestres del mundo y el único que vive en una isla en la que no tiene parientes: Ceilán (Sri Lanka), donde es el único gallo salvaje y el ave nacional. El macho, de 66 a 72 cm de longitud total, parece a primera vista un gallo rojo con el cuerpo entero de color naranja oxidado, que contrasta con las alas y la cola de un negro azulado brillante; su rasgo más característico es la gran cresta roja con una mancha central amarilla en forma de llama (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002). La hembra, de unos 35 a 40 cm, es parda y moteada, con las alas y la cola netamente barradas (Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002).
Es un ave de bosque y de matorral, sobre todo del seco, que se oye más de lo que se ve: el macho canta de madrugada, a menudo desde una rama y tras batir las alas con un chasquido sonoro, una frase de tres notas que los ingleses de Ceilán oían como «George Joyce» (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002). Se alimenta de semillas, bayas, flores e insectos, con las termitas en primer lugar, y los pollos viven casi solo de presas animales (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Su sistema de apareamiento no está bien establecido: hay observaciones de parejas, de machos con dos o tres hembras y, según estudios recientes, de una hembra ligada a un grupo de dos o tres machos (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986; Wikipedia).
Sus fuentes principales se contradicen en algunos puntos que esta ficha muestra siempre: la puesta típica es de dos a cuatro huevos para la mayoría de los autores, pero de seis a doce en una descripción del libro del autor; el parentesco más próximo es el gallo de Sonnerat según el genoma nuclear y el gallo verde y el rojo según el ADN mitocondrial; y la capacidad de criarlo en cautividad pasó de ser dudosa a considerarse sencilla en el siglo XX, y hoy se vuelve a considerar difícil por la consanguinidad (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Hernández García, 2013; Hirimuthugoda et al., 2018; Johnsgard, 1986; Lawal et al., 2020).
ES gallo de Lafayette, gallo de Ceilán · EN Sri Lanka junglefowl, Ceylon junglefowl, Lafayette’s junglefowl · FR coq de La Fayette · DE Ceylonhuhn · IT gallo selvatico di Ceylon · cingalés wali-kukula(Beebe, 1921; Fuller y Garson, 2000; Hernández García, 2013; Johnsgard, 1986)
12 en la tabla de diámetros del libro del autor, que no expresa la unidad (Hernández García, 2014)
Conservación ex situ
Sin programa EEP ni ESB: «investigación taxonómica y genética» en el reparto de la EAZA del año 2000 (Hernández García, 2014)
02
Sistemática y nomenclatura
Un nombre político de 1831, una isla y un parentesco que depende de qué ADN se mire.
Del género Gallus se reconocen cuatro especies, y el gallo de Lafayette es la única que vive en Sri Lanka. Delacour las agrupa como un género aislado, sin parientes cercanos entre los faisanes, y Madge y McGowan señalan que forman casi un subgrupo propio, tan distintos que cuesta considerarlos «faisanes» (Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002).
El epíteto específico conmemora a Gilbert du Motier, marqués de La Fayette (1757-1834), el aristócrata, general y político francés (Hernández García, 2013; Wikipedia). El nombre lo puso René Primevère Lesson en 1831 y, según el ornitólogo Des Murs, citado por Beebe, delata la influencia de las preocupaciones políticas del momento (Beebe, 1921). Beebe da como nombre nativo el cingalés wali-kukula, que repiten Johnsgard y el Ceylon Bird Club, y este último añade el nombre tamil kattu koli(Beebe, 1921; Ceylon Bird Club; Johnsgard, 1986).
La grafía del epíteto varía de una obra a otra: lafayetii (Madge y McGowan, Fuller y Garson, el primer volumen del libro del autor y Chintaguay en su tabla de postura), lafayettii (Wikipedia, las tablas del segundo volumen del libro del autor y Chintaguay en otros documentos), lafayettei (Delacour, Johnsgard, Howman y Gerrits) y lafayetti (la cabecera de Beebe, que en su sinonimia recoge también las otras formas) (Beebe, 1921; del Campo, 2006; Delacour, 1977; Fuller y Garson, 2000; Gerrits, 1974; Hernández García, 2013; Hernández García, 2014; Howman, 1996; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002; Wikipedia). Las diferencias son solo ortográficas y todas designan la misma especie; esta guía usa lafayettii, que es la grafía correcta.
Jobling da el nombre completo del homenajeado: Marie Joseph Paul Yves Roch Gilbert Motier, marqués de Lafayette (1757-1834), general y reformista francés, y recoge lafayetii y lafayettii juntos en una sola entrada, con Gallus como único género al que se aplica el epíteto (Jobling, 2010). Jobling asocia este epónimo únicamente a Gallus.
El género Gallus se formó, según Jobling, a partir del nombre específico Phasianus gallus de Linneo (1758), el gallo rojo, y remite al latín gallus, «gallo de corral» (Jobling, 2010). Entre los nombres antiguos de esta ficha, Jobling explica también ecaudatus, el nombre con que Temminck bautizó en 1807 a los ejemplares rabones: en latín, ex- «sin» y -caudatus «con cola» (cauda, «cola»), es decir, «sin cola» (Jobling, 2010). Y de xanthimaculatus, la forma del norte seco que trata esta ficha aparte, Jobling da el sentido de las dos raíces: griego xanthos, «amarillo», y latín maculatus, «manchado» (Jobling, 2010).
Temminck describe un gallo de Ceilán sin cola, que bautiza Gallus ecaudatus; la descripción se basa en ejemplares «rabones», sin cola, y una acuarela de 1806 de Jean-Gabriel Prêtre; un ejemplar de su colección se conserva en el museo Naturalis de Leiden (van Grouw et al., 2017; Wikipedia).
Leschenault trae de Ceilán un ejemplar al museo de París. Pasa inadvertido durante nueve años (Beebe, 1921).
J. E. Gray figura la hembra, de la colección del general Hardwicke, como «gallina de Lord Stanley» (Gallus stanleyi), sin texto explicativo (Beebe, 1921).
Lesson describe el macho en su Traité d’Ornithologie con el nombre Gallus lafayettii («coq Lafayette»), con localidad Ceilán (Beebe, 1921; Delacour, 1977). Delacour precisa que la localidad «India» de algunas citas fue un error y que la especie es de Ceilán (Delacour, 1977).
Des Murs publica una excelente lámina del macho en su Iconographie ornithologique y lamenta que no se conozca la hembra: no había reconocido que la «gallina de Lord Stanley» de Gray lo era (Beebe, 1921).
Layard publica el primer relato de las costumbres de la especie, que Beebe califica de buen trabajo (Beebe, 1921).
Cría al menos una vez en los jardines zoológicos de Londres, algo casi único en la época (Beebe, 1921; Delacour, 1977).
Deraniyagala describe una forma de la zona seca del norte, xanthimaculatus, que Ripley no acepta en 1961 (Johnsgard, 1986).
Van Grouw, Dekkers y Rookmaaker revisan la historia de los gallos «rabones» de Temminck y recogen que ecaudatus y lafayettii se reconocieron después como una sola especie, de la que stanleyi y lineatus son sinónimos posteriores (van Grouw et al., 2017).
Sinonimia principal
Nombre
Autor y fecha
Gallus ecaudatus
Temminck, 1807 (sobre aves sin cola)
Gallus lafayettii
Lesson, 1831, Traité d’Ornithologie, p. 491 (nombre aceptado)
Gallus stanleyi
Gray, 1830–1832, Illustrations of Indian Zoology, lám. 43 (la hembra)
Gallus lineatus
sinónimo posterior citado por van Grouw y colaboradores (2017)
Gallus lafayetti, Gallus lafayettei
grafías de Grant (1893), Sharpe, Delacour y Johnsgard
Los cuatro se reconocen en el plan de acción UICN/WPA, con el nombre «Sri Lanka junglefowl» para el de Lafayette (Fuller y Garson, 2000).
Parentesco con otros gallos
Aunque por su plumaje el macho recuerda mucho al del gallo rojo, los estudios genéticos indican que el gallo de Lafayette está en realidad más emparentado con el gallo de Sonnerat (Gallus sonneratii): su linaje se separó del gallo rojo hace unos 2,8 millones de años, frente a los 1,8 millones de años transcurridos desde su separación del gallo de Sonnerat (Lawal et al., 2020; Wikipedia).
Esta cifra procede del análisis de genomas completos de Lawal y colaboradores (2020), que sitúan a ambas especies como hermanas, en un clado hermano del gallo rojo (Lawal et al., 2020; Wikipedia). No es la única lectura: el mitogenoma de dos aves de Ratnapura y Pelmadulla, de 16.839 pares de bases, agrupa al gallo de Lafayette con los gallos verde y rojo y no con el de Sonnerat, en concordancia con otro trabajo de 2009 y en desacuerdo con los anteriores (Hirimuthugoda et al., 2018). Las dos fuentes difieren, pues, según se mire el ADN nuclear o el mitocondrial.
Un rasgo compartido con el gallo verde
Madge y McGowan lo describen como una especie con rasgos de los gallos rojo y verde, pero bien diferenciada de ambos, y señalan que, como el gallo verde y a diferencia del rojo y del de Sonnerat, no tiene un verdadero plumaje de eclipse tras la cría (Madge y McGowan, 2002). La ficha original lo expresa de otra manera: no hay un verdadero plumaje de eclipse, pero en verano la cresta se reduce y la cola adopta un aspecto parecido al de la hembra; el siguiente capítulo recoge los detalles (Delacour, 1977; Hernández García, 2013).
03
Historia
Un ejemplar olvidado nueve años en un museo, una gallina sin nombre y un gallo sin cola en la polémica de Darwin.
La historia científica del gallo de Lafayette es breve y accidentada: un ejemplar traído a París en 1822 que nadie estudió hasta 1831, una hembra descrita aparte como si fuera otra especie y, en la época de Beebe, una polémica sobre si los gallos domésticos descienden también de él (Beebe, 1921).
El descubrimiento
Según Des Murs, el macho que sirvió de base a la descripción de Lesson lo había traído de Ceilán Leschenault, que lo donó al museo de París en 1822; el ave quedó olvidada nueve años, hasta que Lesson la identificó y la describió en 1831 (Beebe, 1921). Lesson ofreció una descripción breve: dos pequeños barbillones en la mandíbula inferior, collar de plumas finas amarillo anaranjado con una llama parda, tórax cubierto de largas plumas estrechas rojo dorado con llamas negras, bajo vientre negro, cola corta y parda, y un semicollar violeta bajo la piel desnuda del cuello (Beebe, 1921).
Por la misma época Gray figuró en su obra de ilustraciones de la colección del general Hardwicke una hembra de gallo, a la que llamó «gallina de Lord Stanley» (Gallus stanleyi), sin texto (Beebe, 1921). Des Murs, que en 1849 publicó la lámina del macho, no la reconoció como la hembra de este gallo y escribió que era de lamentar que esta no se conociese (Beebe, 1921). Ese es el origen del sinónimo stanleyi, que según la sinonimia de Beebe usaron después Blyth (1849), Layard (1854), Sclater (1863), Legge (1875) y otros autores hasta 1911 (Beebe, 1921).
Un gallo sin cola
Hay un antecedente más antiguo. Temminck describió en 1807 un gallo de Ceilán, que conocía por ejemplares sin cola (rabones), con el nombre Gallus ecaudatus; encargó una acuarela en 1806 a Jean-Gabriel Prêtre y de su colección se conserva un ejemplar en Leiden (van Grouw et al., 2017; Wikipedia). Darwin intentó demostrar, en 1868, que los gallos silvestres sin cola de Ceilán no existían, porque convenía a su teoría sobre el origen de la gallina doméstica; el trabajo de van Grouw, Dekkers y Rookmaaker (2017) revisa la historia de esos ejemplares y de la polémica (van Grouw et al., 2017). Lesson, en 1831, describió un ave con cola, aparentemente sin conocer el nombre de Temminck, y más tarde se vio que ambos nombres designan la misma especie (van Grouw et al., 2017).
Los primeros relatos de costumbres
Layard publicó en 1854 el primer relato de las costumbres del ave, que Beebe califica de bueno (Beebe, 1921). A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la especie atrajo a varios naturalistas e inspiró estudios de hibridación con aves de corral: varios ingleses residentes en Ceilán, sobre todo Thomas y Johnson, reunieron datos sobre la supuesta esterilidad de los híbridos entre el gallo de Lafayette y las aves de corral, con la esperanza de probar que el primero había intervenido en el origen de nuestras gallinas; Beebe resume sus resultados y opina que esa prueba no hace falta, porque el gallo rojo basta como antepasado (Beebe, 1921). Beebe mismo estudió la especie en el sur de la isla, sobre todo en el matorral seco del sureste, donde la encontró muy abundante en marzo, y sus observaciones (el canto, la comida, los nidos) son la base de las descripciones posteriores, como se ve en la obra de Johnsgard (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986).
En cautividad: de Londres a Clères
El gallo de Lafayette crió al menos una vez en los jardines zoológicos de Londres, en 1874, algo casi único porque era raro que las hembras pusieran siquiera en cautividad; de once aves que pasaron por ellos, la más longeva vivió tres años y la vida media fue de un año y medio (Beebe, 1921). Delacour cuenta que las primeras aves cautivas que vio llegaron al zoo de Londres en 1928, y que ese año se criaron algunos pollos, ya tardíamente, en septiembre; una pareja se envió a Clères y se recibieron más ejemplares de Ceilán, que se criaron sin dificultad (Delacour, 1977). El plantel de Clères fue destruido por completo durante la última guerra, y los de Inglaterra y América desaparecieron «por una negligencia inexplicable»; Delacour solo conocía en cautividad unos pocos ejemplares importados recientemente (Delacour, 1977).
Howman consideraba en 1979 y en 1996 que el gallo de Lafayette había sido muy descuidado en cautividad y que solo en América había números razonables; en 1979 cifraba en 140 los ejemplares en cautividad de que tenía noticia (Howman, 1979; Howman, 1996). En 1993 lo describe como un ave rara en cautividad, que ha recibido una atención insuficiente de los aviculturistas y es más sensible al frío en invierno que el gallo rojo (Howman, 1993). El libro del autor añade que hoy la población en cautividad sigue siendo abundante, pero disminuye y pierde calidad a causa de la consanguinidad (Hernández García, 2013).
04
Morfología y plumajes
Un macho naranja oxidado de alas negras y cresta con llama amarilla; una hembra parda de alas y cola barradas.
El gallo de Lafayette es un ave de silueta de gallo, de cola comprimida y larga, con las plumas del cuello, la espalda y el pecho alargadas y puntiagudas, formando una capa de hackles; el macho lleva cresta, barbillones y una piel desnuda en la cara y la garganta, y un único espolón largo en cada pata, mientras que la hembra tiene la cresta y los barbillones reducidos o casi ausentes y suele carecer de espolón (Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002). El dimorfismo sexual es muy marcado, y el plumaje del macho es el de un gallo tropical: dorado, naranja, violeta y azul (del Campo, 2006; Madge y McGowan, 2002).
Macho adulto
♂ El macho presenta como rasgo más llamativo una gran cresta ovalada de color rojo, con una mancha central amarilla en forma de llama. Una curiosidad de la especie es que, entre los dos pendientes de la garganta, lleva un tercero más pequeño. La golilla es amarillo dorada y está rayada de negro. El pecho, el dorso y la rabadilla forman una especie de manto de tonos rojizos rayados de negro que cubre parte de las alas, las cuales son azulado negruscas. La cola es negra con reflejos azulados, las orejillas y los barbillones son rojos y las patas son rojizas. El iris se describe como blanco pajizo, aunque otras fuentes hablan de ojos amarillos. Mide entre 66 y 72 cm de longitud y pesa entre 790 y 1140 g.
Beebe y Delacour describen el plumaje con más detalle. La cresta es de un rojo púrpura brillante, con una gran mancha amarilla interior en forma de ala que nace de golpe sobre el ojo y se desvanece en el borde; en una cresta de unos 80 × 30 mm, el amarillo cubre unos 50 × 25 mm, y en algunas aves hay tanto amarillo que la cresta parece amarilla con un reborde rojo (Beebe, 1921). La cresta tiene dientes muy pequeños, y es menos dentada que la del gallo rojo (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986). Cara, garganta y barbillones son de un rojo vivo y limpio, aunque a veces los barbillones llevan una mancha central amarillenta y la garganta es también amarillenta (Beebe, 1921). La coronilla y el occipucio son de un rufo anaranjado intenso, y alrededor de la parte desnuda de la garganta corre una banda de plumas de un violeta irisado (Beebe, 1921; Delacour, 1977).
Las plumas largas del cuello, la parte alta de la espalda y las coberteras alares menores, que forman la capa de hackles, son de un amarillo pajizo a naranja dorado, con una franja central negra muy visible; hacia atrás, en el manto, las escapulares y las plumas de los flancos, el color pasa a un naranja rojizo en el borde desflecado, mientras la parte oculta de cada pluma es granate o castaña (Beebe, 1921; Delacour, 1977). En el centro de la parte baja de la espalda y de la rabadilla, el naranja rojo se reduce a un borde estrecho y el resto de la parte visible es violeta intenso, que vira a azul hacia atrás; las supracaudales y las rectrices centrales tienen un brillo verde azulado, y el resto de la cola es de un negro mate (Beebe, 1921). Las alas son negras con un fuerte brillo azul púrpura en secundarias y coberteras mayores, y primarias de un pardo mate; en conjunto contrastan con el cuerpo (Beebe, 1921; Madge y McGowan, 2002). Pecho y costados son naranja rojizos, como el manto bajo; el vientre es castaño moteado y con la punta negra; los flancos, los muslos y las subcaudales son sobre todo negros, estas con un tono verdoso (Beebe, 1921).
En comparación con el gallo rojo, en ambos sexos las barbillas y la cresta están menos desarrolladas, las patas son rojas y los ojos amarillos. El macho carece de partes inferiores negras y de mancha blanca en la rabadilla, y destaca por la mancha amarilla de la cresta. No tiene un verdadero plumaje de eclipse, pero en verano la cresta se reduce y la cola adopta un aspecto parecido al de la hembra.
Johnsgard completa las diferencias con el gallo rojo: la cresta del de Lafayette es menos serrada, el iris es amarillo y no rojo, el interior de la cresta es amarillo, no tiene lóbulos auriculares bien definidos y las alas son de un negro azulado iridiscente, no pardo rojizas (Johnsgard, 1986). Madge y McGowan añaden que el cuerpo parece entero de naranja oxidado, que contrasta con las alas y la cola negras, y que las alas no tienen el panel rufo de las secundarias del gallo rojo (Madge y McGowan, 2002).
Hembra
♀ La hembra, de unos 35 cm y entre 510 y 625 g de peso, tiene la espalda de un marrón claro, con un dibujo claro sobre las alas, y el pecho blanco con un fino dibujo negro. Se parece bastante a la del gallo rojo (Gallus gallus), aunque las plumas del cuello y de la espalda son más oscuras, más rojizas y más anchas. El pecho y las partes inferiores son de color blancuzco, con estrías de margen negro; las alas son negras con estrías amarillentas, la cola es negra y la cresta es muy pequeña.
En la hembra son distintivas las plumas de vuelo barradas de negro, las partes inferiores blanquecinas festoneadas de negro y la ausencia de barbillas.
Según Beebe, la coronilla es pardo oscura y la nuca, rufa; el cuello y el manto, naranja oscuros o pardo rufescentes, a veces con un moteado negro indistinto o con el negro dispuesto en dos anchas bandas irregulares concéntricas, y con un ribete de pardo dorado vivo en algunas plumas; el resto de las partes superiores y las coberteras, finamente moteadas de pardo rojizo y negro, con un raquis pálido en forma de pelo, que falta en la parte baja de la espalda y la rabadilla, de un rufo más intenso (Beebe, 1921). Las secundarias y sus coberteras son negras con barras de ante moteado en la barba externa y, a menudo, una cuña castaña en la base; las primarias, pardo oscuras con manchas ante en la barba externa; la cola, de un rufo intenso moteado de negro, con brillo púrpura verdoso en las zonas negras (Beebe, 1921). Delacour la resume como un ave de alas muy barradas de negro, ante pálido y pardo rufo, y de cola con barras y vermiculaciones negras (Delacour, 1977), y Johnsgard, como de plumas de vuelo secundarias internas con barras negras y ante en las dos barbas y, a veces, marcas castañas (Johnsgard, 1986).
Por debajo, la garganta es blanquecina o pardo ante; el pecho alto, moteado de negro y pardo rufo con anchas rayas ante, que se vuelven blancas en el pecho bajo; el resto de las partes inferiores es sobre todo blanco, con un ribete y una ancha barra transversal negros (Beebe, 1921; Delacour, 1977). La cresta, los barbillones y los espolones son rudimentarios, y la piel de la cara y la garganta, rosada (Beebe, 1921; Madge y McGowan, 2002). El pico es pardo negruzco arriba, amarillento hacia la punta, y amarillo abajo; el iris, amarillo limón, amarillo oliva o pardo según el autor; y las patas, de rosadas a amarillo ceroso o pardo amarillento (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
No hay dos hembras iguales, y un ave con el plumaje gastado se ve muy distinta de otra recién mudada: el rufo y el ante se vuelven por abrasión blanco grisáceo, y al final de la temporada de cría las barras claras de las alas han perdido casi todas sus bárbulas y parecen blancas, mientras que las zonas negras apenas se desgastan (Beebe, 1921). Beebe cazó tres hembras en tres días seguidos en unos pocos cientos de metros, todas recién criadas, y cada una mostraba un extremo distinto en la abundancia de negro en la cola y en el dibujo del manto (Beebe, 1921).
Partes blandas y coloración de pico, patas y ojos
Parte
Macho
Hembra
Pico
Pardo córneo, con la mitad anterior de la mandíbula inferior amarilla (Beebe); córneo rojizo con la punta pálida (Delacour); rojo pardusco con la punta y la mandíbula inferior más pálidas (Johnsgard) (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Johnsgard, 1986)
Pardo negruzco arriba y amarillento hacia la punta; abajo, sobre todo amarillo (Beebe, 1921)
Cresta roja púrpura con la gran mancha amarilla central; dos barbillones rojos (según la ficha original, un tercero más pequeño entre ellos) (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Hernández García, 2013)
El macho juvenil se parece a la hembra adulta, aunque es más oscuro, y adquiere pronto el tono rufo y amarillo rojizo del adulto.
Beebe describe el plumaje juvenil como singularmente parecido al de la hembra adulta: la diferencia principal está en el blanco ventral, menos puro y más mezclado de pardo, y el rufo, que tiende al gris o al arenoso (Beebe, 1921). Las plumas del plumón de la cabeza y el cuello permanecen mucho tiempo, hasta cuando el cuerpo está ya cubierto de plumaje de contorno (Beebe, 1921). El manto es una mezcla indefinida de ante arenoso, pardo rojizo y moteado negro; las escapulares y muchas coberteras tienen la punta blanco ante; las secundarias, fuertemente barradas como en la hembra, pero con blancos más puros; y hacia la punta de las secundarias internas y las terciarias el negro se reduce a ocelos redondos, más marcados en las coberteras mayores, con «ojos» negros enmarcados de blanco ante (Beebe, 1921). En el juvenil de cualquiera de los dos sexos, las plumas de la cola pueden ser castaño ricas y moteadas, tener una banda negra longitudinal en cada barba o llevar hasta seis barras negras (Beebe, 1921). Delacour describe al joven macho con plumas del cuello amarillas con el centro negro, partes superiores mezcladas de rojo, pecho rojo rufo y vientre negro apagado (Delacour, 1977).
La primera muda anual no da dos aves iguales: las hembras pasan casi directamente al plumaje adulto, pero los machos van desde un ave de rico color castaño moteado de negro hasta individuos con pocos restos del pigmento juvenil; las secundarias barradas se pierden siempre, y el manto muestra todos los estadios entre el castaño intenso, el amarillo oliva y el amarillo pajizo del adulto (Beebe, 1921). Según Beebe, las aves de monte muelen hacia colores más limpios y claros, y las de tierras bajas conservan más del dibujo inmaduro (Beebe, 1921). La muda siguiente lleva al ave al plumaje adulto completo (Beebe, 1921). En el primer año, el macho tiene la cresta y los barbillones poco desarrollados, la cabeza pardo apagada, las plumas del cuello cortas y anchas, de un negro púrpura con borde pardo amarillento, la garganta emplumada, las largas rectrices centrales curvas ausentes y los espolones cortos (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Etapa
Descripción
Polluelo (plumón)
Parche triangular de la corona castaño, con un estrecho borde negro, que baja por la nuca y se extiende sobre el dorso; una ancha línea negra desde delante del ojo hasta la nuca; garganta blanca pura y partes inferiores blanco crema; pico negro arriba, con la punta y la mandíbula inferior amarillas; patas amarillentas. Longitud de unos 90 mm, ala de 50 mm y tarso de 22 mm (Beebe, 1921). Se parece al del gallo rojo, pero con las marcas más oscuras (Delacour, 1977).
Más apagado; cresta y barbillones poco desarrollados; garganta con plumas; plumas del cuello cortas y romas; sin las largas rectrices curvas; espolones cortos (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002). Los machos de este año son incapaces de reproducirse (Delacour, 1977).
La muda anual regular tiene lugar normalmente en septiembre y octubre (Beebe, 1921). A diferencia del gallo rojo y del de Sonnerat, cuyos machos pierden en verano los hackles del cuello y las largas plumas de la cola y adoptan un plumaje corto y apagado, el gallo de Lafayette no tiene un verdadero plumaje de eclipse, como el gallo verde (Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002). Delacour precisa que, en verano, los machos mudan lentamente y la cresta se reduce de tamaño (Delacour, 1977). Madge y McGowan escriben en el texto que no hay un plumaje de eclipse distinto y, en la leyenda de la lámina, que el plumaje de eclipse posterior a la cría está solo ligeramente atenuado (Madge y McGowan, 2002). Las dos descripciones concuerdan con la ficha original: la cresta se reduce y la cola parece la de la hembra (Delacour, 1977; Hernández García, 2013).
Variación individual y geográfica
En Ceilán se habla mucho de diferencias entre las aves de los distintos distritos. Beebe cita a un naturalista, Price, para quien las aves del sur de Sabaragamuwa y de Hambantota tienden a ser pardas (las hembras, muy oscuras, con puntos negros en la cola y las alas), las del matorral abierto del norte y de la provincia Centro-Norte, a ser rojizas, con las hembras más claras en la misma proporción, y refiere la existencia de una hembra casi totalmente blanca, vista cerca de Anuradhapura, que Price y el agente del gobierno prefirieron dejar tranquila (Beebe, 1921). Beebe examinó series de las costas del sur y de zonas altas, que recorrían toda la gama de esas variaciones, y concluyó que cualquier variación regional o de altitud se pierde en la muy grande variación individual, y que solo series de varios cientos de aves con datos exactos de edad, localidad y estación podrían probar lo contrario (Beebe, 1921). También comprobó que no era cierto que la voz de las aves de la costa fuera distinta de la de las del interior, ni que las de tierras bajas fueran más claras, más grandes y con más cresta (Beebe, 1921).
05
Medidas y peso
Los datos de la guía original, contrastados con la literatura.
El macho del gallo de Lafayette mide entre 66 y 72 cm de longitud total y pesa entre 0,9 y 1,1 kg; la hembra, claramente menor, ronda los 40 cm y pesa entre 0,5 y 0,6 kg.
Macho ♂Hembra ♀
Longitud
♂66–72 cm
♀40 cm
Alas
♂23–24 cm
♀18 cm
Cola
♂23–40 cm
♀10–11 cm
Tarso
♂7 cm
♀5–6 cm
Peso
♂0,9–1,1 Kg.
♀0,5–0,6 Kg.
Tamaño frente al resto de la colecciónlongitud total del macho · 51 especies
Gallo de Lafayette · 72 cm
050100150200 cm
Las alas miden de 23 a 24 cm en el macho y 18 cm en la hembra; la cola, de 23 a 40 cm y de 10 a 11 cm, respectivamente; y el tarso, 7 cm y de 5 a 6 cm.
Otras fuentes ofrecen cifras algo distintas a las de la tabla. El peso del macho oscila entre 790 y 1140 g, mientras que el de la hembra se sitúa entre 510 y 625 g (hasta 645 g según otras referencias), con una longitud de esta última de unos 35 cm. Estas variaciones entre fuentes son habituales y reflejan la diversidad natural de los ejemplares medidos en campo.
Medidas según distintas fuentes
Las medidas de la tabla de la ficha original, que son las del libro del autor, coinciden con las de Madge y McGowan y de Johnsgard en las alas, la cola y el peso; las cifras de la hembra y el tarso varían más entre autores (Hernández García, 2013; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002). Beebe y Delacour miden pieles y aves cazadas; Madge y McGowan resumen a varios autores; y Johnsgard aporta las medias de Ali y Ripley, además de las de Delacour (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Los huevos son óvalos lisos y brillantes, de un blanco sin manchas, de ante o de color de café con leche, o de uno de esos fondos con un moteado uniforme de rojo pardo o de ocre quemado; las marcas suelen faltar o ser muy escasas en el extremo fino y densificarse hacia el obtuso (Beebe, 1921). Miden entre 33 y 36 mm de ancho y entre 45 y 48 mm de largo, con una media de 35 × 47 mm (Beebe, 1921); Delacour da 46 × 34 mm y Johnsgard 46,3 × 34,5 mm y un peso fresco estimado de 30,4 g (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986). La foto del huevo de este capítulo se incluye en el de reproducción.
06
Distribución y hábitat
Una isla entera, de la costa seca a las cumbres de las montañas, con el matorral seco del este como corazón.
El gallo de Lafayette habita en Ceilán (Sri Lanka) y está confinado a esta isla, donde en algunas localidades es muy abundante. Vive en bosques primarios situados entre los 700 y los 1100 m de altitud, aunque otras fuentes lo describen en ambientes que van del matorral costero al bosque de montaña, desde el nivel del mar hasta los 2300 m. Es además el ave nacional del país, ya que es la única especie a la vez endémica de Sri Lanka y elegida como su símbolo nacional.
Mapa de distribución. Pulsa para ampliar.
Área de distribución
La isla, que Beebe describe como un óvalo colgado de la península india, de unos 150 por 250 millas (unos 240 por 400 km), está ocupada de forma general (Beebe, 1921). El ave se reparte por los distritos secos de las tierras bajas, algo más dispersa, y por las colinas de las provincias del Sur y del Centro; es bastante rara en las selvas más húmedas de la zona marítima occidental, donde está Colombo, y del suroeste, y no es frecuente ni siquiera en algunos bosques del interior (Beebe, 1921). Donde el clima es más seco, como en las vertientes orientales de Morowak Korale y a lo largo del río Wellaway hacia el este, es numerosa; abunda en el sureste marítimo, en los matorrales densos de euforbias de la costa, y es muy numerosa desde allí por la costa este hasta el norte, y en todos los bosques del norte, descendiendo por el oeste hasta el distrito de Kurunegala (Beebe, 1921). Madge y McGowan la dan como más abundante en las regiones más remotas de la zona seca, con registros recientes de buena parte de la isla, sobre todo del sur, que es la zona más estudiada, y Johnsgard la describe como más común en las zonas del este, más secas, que en las más húmedas del oeste y el suroeste (Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Delacour y Johnsgard la dan desde el nivel del mar hasta unos 6.000 pies (unos 1.800 m) allí donde hay suficiente cobertura vegetal (Delacour, 1977; Gerrits, 1974; Howman, 1993; Howman, 1996; Johnsgard, 1986). En las colinas, según Beebe, es residente y cría con frecuencia hasta unos 5.000 pies (unos 1.500 m); en la meseta de Nuwara Eliya y en las llanuras de Horton es a veces abundante durante el monzón del nordeste, cuando sube desde más abajo, y probablemente desde las tierras bajas, a comer los frutos de la nillu; es posible que algunas aves permanezcan todo el año en esas alturas (Beebe, 1921).
Fuente
Altitud
Hábitat que destaca
Ficha original y libro del autor
700–1.100 m en bosque primario; del nivel del mar a 2.300 m según otras fuentes
Bosques altos, matorral de euforbias, bambúes, matorral, zonas semicultivadas y vegetación secundaria; más común en el este y las zonas secas (Johnsgard, 1986)
Madge y McGowan (2002), BOW
Del nivel del mar a unos 2.300 m
Variedad de hábitats arbolados, con preferencia por el bosque seco; también bosque primario y de montaña, plantaciones y matorral (BOW, 2020; Madge y McGowan, 2002)
Las fuentes difieren en el techo altitudinal: de 1.800 a 2.300 m. La cifra de 700–1.100 m de la ficha original se refiere a los bosques primarios y no es un límite de la especie.
Hábitat
Probablemente prefiere el bosque seco, pero también se ha registrado en plantaciones y matorrales. Descansa en grupo sobre árboles y bambúes. Se lo considera sedentario, aunque la fructificación de Strobilanthes parece atraer a las aves desde lugares lejanos.
Beebe conoció a la especie mejor en el matorral semiárido de las costas del sureste, con eucaliptos, acacias, mezquites y cactus introducidos, un paisaje de parque con claros arenosos secos o con pequeños charcos y una espesa alfombra de hierba áspera (Beebe, 1921). Las aves salen a esos claros a alimentarse y a hacer ejercicio, y se retiran a los matorrales más densos para dormir y durante el calor del mediodía (Beebe, 1921). Delacour, que las ve más en el matorral seco de la costa, anota que también viven en los bosques húmedos de las montañas, que se mantienen más en la selva y que huyen de los cultivos (Delacour, 1977). Beebe observa, en cambio, que se adaptan en cierta medida a la deforestación, y viven en plantaciones de café o en matorral razonablemente denso cuando no queda selva, aunque en los distritos montañosos pueden ser cada vez menos (Beebe, 1921). El Ceylon Bird Club añade que en las colinas usan también las plantaciones de té con bosque cercano (Ceylon Bird Club).
Hay registros recientes de casi toda la isla, concentrados en el sur, que es la zona mejor estudiada, y la especie parece más numerosa en el este, más seco.
Movimientos estacionales
Beebe distingue dos situaciones. En la mayor parte de los distritos marítimos secos es estrictamente residente todo el año, y dos parejas vivieron un año y medio en una zona de matorral semidesértico delimitada por dos arroyos, criando a unos 200 yardas (unos 180 m) una de otra, sin salir casi nunca de ella; las crías parecen irse al hacerse adultas (Beebe, 1921). En las colinas bajas y en las selvas que bordean las laderas de las montañas del interior puede haber un marcado desplazamiento estacional, causado no por el clima, sino por la fructificación de ciertas plantas del sotobosque, localizadas, la nillu (Strobilanthes), cuyas semillas maduran en forma abundante a intervalos muy irregulares (Beebe, 1921). Cuando eso ocurre, las aves empiezan a subir en diciembre, enero y febrero y desaparecen de las colinas hacia junio (Beebe, 1921). Johnsgard cita a Beebe para decir que la especie es muy sedentaria y apenas hace movimientos estacionales, salvo cuando fructifica la nillu (Johnsgard, 1986).
Densidad y abundancia
No hay estimas de densidad generales. Beebe pudo oír hasta una docena de aves cantando desde su hamaca en el sureste, y no vio nunca más de cinco juntas (Beebe, 1921). Collias y Collias (1967), citados por Johnsgard, contaron 24 machos cantando al alcance del oído a lo largo de 1,6 km de camino en el Parque Nacional de Wilpattu, en una zona que consideraban de las de mayor densidad del parque, con buena cobertura, muchos termiteros y abundancia de árboles y arbustos en fruto (Johnsgard, 1986). Delacour la considera frecuente allí donde hay cobertura y Madge y McGowan, localmente abundante en áreas protegidas y en lugares remotos (Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002). La ficha original la cita en Kitulgala, Yala y Sinharaja, donde es habitual observarla, y Wikipedia nombra los mismos lugares (BOW, 2020; Wikipedia).
62.800km²
área de presencia estimada por BirdLife (2024)
2.300m
altitud máxima citada
24machos cantando
en 1,6 km de camino, en Wilpattu
07
Comportamiento y voz
Un ave cauta, de vida matinal, que corre más de lo que vuela y que se deja llamar con una palmada.
El gallo de Lafayette se parece en sus costumbres al gallo rojo, pero se mantiene más en la selva, huye de los cultivos y no se reúne en bandadas tan grandes (Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002). Es muy recelosa cerca de aldeas y caminos, aunque más confiada donde no se la persigue, y su vida diaria sigue un ritmo marcado por el amanecer, la comida en los claros y el descanso a la sombra (Beebe, 1921; Madge y McGowan, 2002).
La jornada de un gallo de Lafayette
El primer canto se oye en la oscuridad que precede al alba, hacia las 5:15 de la mañana en la costa seca, y el coro alcanza su máximo hacia las 5:30, justo antes del amanecer; media hora después disminuye, y la actividad vocal, ya muy reducida, dura hasta las 9:00 (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Al atardecer hay otro periodo de canto, menos entusiasta, y en los días nublados puede cantar un macho cada hora (Beebe, 1921). Las aves salen a los claros de forma muy temprana y se alimentan hasta que el calor aprieta; luego se retiran a la sombra de un árbol frondoso o del sotobosque, se bañan en polvo, dormitan o se limpian de garrapatas y otros parásitos (Beebe, 1921). Johnsgard y Madge y McGowan coinciden en que forrajean por la mañana y por la tarde, en pistas del bosque o en los bordes de los caminos, sobre todo después de la lluvia, y en que buscan refugio a mediodía, salvo en los días lluviosos y frescos, en que pueden permanecer fuera todo el día (Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Dormideros
Según Beebe, al atardecer los gallos se van a dormir en lo alto de los árboles, pero siempre dentro del follaje, y no en una rama expuesta en la copa ni cerca del tronco: así notan la vibración de la rama si se acerca un carnívoro arborícola (Beebe, 1921). En la zona seca costera, con pocos árboles altos, pueden dormir a solo ocho o diez pies (unos 2,5–3 m) del suelo en una acacia, siempre bien aislada (Beebe, 1921). Beebe cuenta que un macho usó noche tras noche la misma rama: la cortó un mediodía y el ave pasó las dos noches siguientes en la rama más próxima (Beebe, 1921). Tienden a dormir solos, o en pareja, o cuatro (probablemente dos aves jóvenes con sus padres) en tres árboles contiguos (Beebe, 1921).
Sociabilidad
La especie es poco social. Beebe nunca vio más de cinco aves juntas, tres de ellas jóvenes del año, evidentemente la pollada de la pareja restante; cree que se trata de aves bastante insociables, salvo que varias gallinas con sus polladas parecen reunirse a veces, de manera laxa, y que no mantienen relación estrecha con ninguna otra especie, a diferencia de lo que ocurre con el gallo rojo y los charlatanes de la India (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Se les ve a veces alimentándose entre el ganado, que levanta insectos al caminar, y algún macho cautivo hizo gran amistad con un loro verde de Ceilán, con el que dormía al lado (Beebe, 1921). Madge y McGowan añaden que los machos no reproductores pueden alimentarse en grandes grupos (Madge y McGowan, 2002).
Voz
El canto territorial es una frase estridente de tres notas, a veces precedida de un aleteo sonoro, y la hembra emite un «kwikuk» metálico.
Beebe oyó en la voz del macho una frase de tres notas, que se acorta a «tsek» cuando sospecha, pero no está seguro del peligro, y que da en la forma completa un sonido de «tsek, —, —, craw, crot», con los silencios iguales a las tres notas y el acento en la última (Beebe, 1921). De lejos recuerda las sílabas «George Joyce», pero de cerca se distingue una tercera nota y desaparece esa semejanza (Beebe, 1921). Delacour la transcribe como «tsek… George Joyce», y Madge y McGowan como «chick chowchik» con el ik final más agudo; Johnsgard escribe «chick, chaw-choyik», una frase de tres sílabas musicales y resonantes, con el pico levantado bruscamente en cada una (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002). El Ceylon Bird Club la anota de manera parecida, «chiok, chaw-choyik» (Ceylon Bird Club).
Collias y Collias (1967), citados por Johnsgard, vieron que el canto del gallo de Lafayette consta de tres notas bien separadas, que dura un poco menos que el del gallo rojo o el de Sonnerat a pesar de un intervalo marcado entre la primera y la segunda, y que las tres tienen una amplitud parecida y una frecuencia muy distinta entre sí (Johnsgard, 1986). Madge y McGowan lo consideran algo más musical que el del gallo de Sonnerat (Madge y McGowan, 2002). Para todos los autores el canto tiene tres notas, frente a las cuatro del gallo rojo y del de Sonnerat (Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Otras llamadas: cuando el macho sospecha, dice «tsek» a solas; si empieza a alarmarse, «clock, clock», que también emite cuando oye un ruido insólito al ir a dormir y cuando un ave cautiva se agita; al llamar a la gallina dice un «chack, chack» bajo, a veces seguido de un tremolo sofocado de contento; y al ser levantado de repente por un perro o un hombre da el cacareo gallináceo habitual (Beebe, 1921). Delacour coincide: ambos sexos tienen un cacareo duro «clock, clock» y otro más grave «chock, chock» (Delacour, 1977). La hembra emite un «kwikukk kwikkukkuk» agudo y metálico (Madge y McGowan, 2002; Wikipedia).
El aleteo previo al canto
El canto va precedido, sobre todo por la mañana, de un fuerte aleteo, un golpeteo seco de las alas que Beebe transcribe como «wop! wop! wop! wop!» y que, a su juicio, anuncia un desafío más serio que el canto solo (Beebe, 1921). Johnsgard habla de tres o cuatro golpes (Johnsgard, 1986). Thomas, observador de aves cautivas citado por Beebe, lo interpretaba como un estiramiento tras despertar; Beebe discrepa, porque los machos acuden con facilidad a una imitación del aleteo, incluso sin imitar el canto (Beebe, 1921). El gallo canta desde el dormidero y luego baja a una rama inferior, donde pasea de un lado a otro, baja y levanta la cabeza y se queda inmóvil cuando oye el desafío de un rival, para responder de inmediato (Beebe, 1921). Cuando canta, se pone de puntillas y bate las alas (Johnsgard, 1986).
Territorio y peleas
Los machos de una misma zona, si están emparejados, tienen un territorio más o menos definido, que defienden de cualquier macho extraño con todas sus armas; los que ocupan territorios contiguos no se atacan por el canto matinal, pero reaccionan al primer sonido, y un macho errante sin pareja se delata enseguida (Beebe, 1921). Johnsgard escribe que los machos se pueden «llamar» imitando el aleteo, y que Beebe pensaba que ese aleteo es un factor mayor en el desafío que el propio canto (Johnsgard, 1986). Beebe encontró plumas esparcidas y huellas enredadas que delataban peleas, y aves cazadas con hackles dañados, cicatrices a medio curar en el pecho y crestas desgarradas; la longitud y agudeza de los espolones hacen probable que algunos encuentros acaben mal, y se cuentan varios combates entre gallos silvestres y gallos de aldea en que los silvestres vencían siempre (Beebe, 1921). Johnsgard no encontró estimas del tamaño del territorio (Johnsgard, 1986).
Prudencia, carrera y vuelo
Son aves de oído y vista agudísimos, que ignoran el ruido del viento pero se alarman con el crujido de un paso, y que escapan sobre todo a pie: Beebe solo vio a una gallina levantar el vuelo, a lo largo de unas 75 yardas (unos 70 m) entre el matorral, y tiene noticia de otros observadores que las consideran fuertes volando, aunque coinciden en que se levantan con dificultad (Beebe, 1921). Con la cola baja, salvo en el canto, el cortejo o el ataque, en que la levantan como cualquier gallo doméstico, caminan con un porte digno y alerta (Beebe, 1921). Aprenden a distinguir los grados de peligro: el mismo camino que recorrían a pie los hacía huir a cien yardas, pero en un carro tirado por bueyes las dejaba acercarse a treinta o cuarenta (Beebe, 1921). Johnsgard, en cambio, anota que cuando se las sorprende en terreno abierto suelen volar más que huir a pie, hacia la cobertura más cercana (Johnsgard, 1986).
Depredadores y parásitos
Sus depredadores naturales son las mangostas y las águilas, con las que convive en zonas como Kitulgala, Yala o Sinharaja, donde es habitual observarlo. Beebe añade grandes halcones y serpientes, civetas y todos los pequeños carnívoros, y sobre todo la mangosta, a la que vio más de una vez acechando a un gallo mientras rascaba, y de la que le contaron que mató a una gallina y buscó después, una a una, a las cuatro o cinco crías de unas dos semanas (Beebe, 1921; BOW, 2020; Wikipedia). Johnsgard cita también al gato de la jungla como depredador potencial (Johnsgard, 1986). En las zonas áridas las aves sufren masas de garrapatas pegadas a la cresta: en un macho Beebe contó 263 garrapatas de todos los tamaños en un lado de la cresta, y la parte afectada estaba en carne viva, con una infección bacteriana secundaria en un caso; se pasan el tiempo del mediodía limpiándose, pero no se limpian entre ellas (Beebe, 1921). Beebe piensa que las garrapatas pueden matar a más aves de lo que se aprecia (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986).
08
Alimentación
Termitas, semillas, bayas y flores: una dieta de omnívoro del suelo, de la que los pollos dependen en forma casi exclusiva de presas vivas.
En estado natural se alimenta de frutos, bayas, pétalos de flor, insectos y otros alimentos similares, lo que indica la gran variedad de su dieta y la facilidad de adaptación al medio de este precioso gallo. El estudio de ocho aves abatidas en Mar mostró en el intestino una amplia variedad de restos: semillas y vainas de hierbas, bayas, pétalos de flores, escarabajos, termitas, moluscos, cochinillas y garrapatas, siendo frecuentes las termitas y las semillas de hierba.
Lo que comen los adultos en libertad
Beebe, que describió este estudio, abatió en marzo ocho aves en el sur de Ceilán y examinó el contenido de su buche y de su molleja, lo que explica la «amplia variedad de restos» de la ficha original (Beebe, 1921). Johnsgard lo resume señalando que cuatro buches llevaban semillas de hierba, tres vainas verdes y que en cuatro de las ocho aves había termitas, en uno de ellos varios cientos de obreras (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986):
Ave
Sexo
Contenido
1
Macho
Nueve bayas rojizas grandes de pulpa morada; varios escarabajos escarabeidos (Beebe, 1921)
2
Macho
Unas pocas vainas verdes; 5 semillas de hierba; 23 termitas (Beebe, 1921)
3
Macho
Ciento cincuenta vainas verdes; 7 pequeños moluscos de tres especies; varios cientos de termitas obreras (Beebe, 1921)
Muchas semillas de hierba aún en las panículas; 1 termita; 2 pequeños moluscos (Beebe, 1921)
6
Macho
Una garrapata grande; muchas semillas de hierba; varios escarabajos escarabeidos (Beebe, 1921)
7
Hembra
Veinticinco panículas de hierba; un escarabajo pequeño (Beebe, 1921)
8
Hembra
En la molleja, 6 piedrecitas lisas rojizas de unos 6 mm y una masa de hormigas negras; en el buche, varios cientos de obreras de termita, 1 escarabajo pardo y 2 negros, 1 saltamontes, 1 cucaracha de madera pequeña, varias cochinillas de la humedad y ciempiés, un caracol pequeño, un hemíptero pequeño, muchas vainas verdes y varios pétalos de flores (Beebe, 1921)
Ocho aves abatidas en marzo en el sur de Ceilán (Beebe, 1921). Las garrapatas de los buches 4 y 6 estaban vivas e hinchadas de sangre, y se alimentaban de la pared del buche.
Las termitas ocupan el primer lugar en la dieta animal, como en casi todas las aves galliformes tropicales; Beebe cree que forman las cuatro quintas partes de la comida de los pollos que pudo examinar (Beebe, 1921). Johnsgard completa los datos de Beebe con las conclusiones de Baker (1930): las aves forrajean en pasillos de hierba a lo largo de los caminos del bosque, por la mañana y por la tarde, sobre todo después de la lluvia, y no están mucho tiempo fuera salvo en tiempo húmedo y fresco (Johnsgard, 1986).
Suele verse en solitario, aunque a veces forma pequeños grupos de hasta cinco o seis aves de uno o ambos sexos, y los machos no reproductores pueden reunirse en grupos aún mayores. Busca alimento sobre todo a primera hora de la mañana y al atardecer a lo largo de las pistas abiertas en el bosque, especialmente tras la lluvia, y su actividad disminuye con el calor del mediodía.
Dónde y cómo busca su comida
Rasca el suelo como un gallo doméstico, primero con un pie y luego con el otro, lanzando hojas y restos hacia atrás; en el matorral seco del noreste y de la costa, donde las hojas caídas se pudren despacio, el rasguño de las aves entre las hojas se oye desde lejos y es una forma sencilla de localizarlas (Beebe, 1921). Un macho que Beebe observó abrió una termitera con fuertes golpes de las patas durante dos minutos largos, antes de picotear a toda prisa, mirando al frente a cada pocos segundos (Beebe, 1921). A veces acuden a los campos cultivados, y arañando el suelo hacen bastante daño a los granos recién sembrados (Beebe, 1921). Johnsgard anota también que se alimentan en bordes de caminos y claros de matorral (Johnsgard, 1986).
La nillu, el árbol que atrae a las aves desde lejos
Entre las plantas favoritas de la especie están las bayas y las semillas de la nillu, una planta del género Strobilanthes (y Stenosiphonium), que crece en general por encima de los 1.500 m (5.000 pies) y florece solo de forma esporádica (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Cuando fructifica, atrae a las aves desde lejos: acuden desde las tierras bajas al pie de las colinas, en grandes números, junto con palomas de alas de bronce (Beebe, 1921). La maduración de la semilla se da a intervalos muy irregulares: se dice que cada cuatro a seis años, y un informante habló de una vez cada once años, tras la cual la planta muere (Beebe, 1921).
Los pollos
Los pollos, a diferencia de los adultos, dependen casi por completo de una dieta de presas vivas, sobre todo insectos e isópodos terrestres como las cochinillas de la humedad; los juveniles de cangrejo de tierra parecen ser además un recurso especialmente importante para su crecimiento y supervivencia durante las primeras semanas de vida.
Beebe señala que, en Ceilán, es creencia general que los pollos no pueden criarse sin termitas, y que estas formaron más de cuatro quintas partes del alimento de los pollos que él pudo examinar (Beebe, 1921). El libro del autor añade que los pollos exigen una dieta constante de alimento vivo, por lo general insectos e isópodos, y que tanto ellos como, en menor medida, los adultos no pueden aprovechar las proteínas y las grasas de origen vegetal, de modo que sus necesidades no se cubren con alimentos comerciales procesados, salvo los específicos y de alta calidad (Hernández García, 2013).
Alimentación en cautividad
En cautividad puede alimentarse con un buen pienso para faisanes.
Según Chintaguay, la base de la alimentación de cualquier ave cautiva debe ser un alimento equilibrado, de un fabricante de confianza, adecuado a la especie y a cada etapa (inicial, mantenimiento y reproducción); considera un mito que lo natural sea maíz y trigo, y compara ese régimen con la comida basura, que acorta la vida y reduce la fertilidad (del Campo, 2006). Howman anota para esta especie que se alimenta como las aves de corral (Howman, 1979; Howman, 1993; Howman, 1996). Beebe subraya que los gallos de Lafayette cautivos necesitan una abundancia de insectos, además de cobertura y sol (Beebe, 1921). Recomendación editorial: ofrecer, además del pienso de calidad, insectos vivos o larvas a los pollos y a las hembras en puesta, y verduras y hierbas frescas a los adultos.
09
Cortejo y exhibición
Un cortejo apenas descrito: aleteos, canto y un macho muy atento con la hembra.
El cortejo del gallo de Lafayette es uno de los aspectos peor conocidos de su biología. Johnsgard escribe que la exhibición de esta especie está mal descrita y que se ha dicho que es similar a la del gallo rojo; Delacour, que en todos los gallos recuerda a la del gallo doméstico, demasiado conocida para describirla (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986).
Lo poco que se sabe se resume así. El macho anuncia el territorio con el canto, que va precedido de un fuerte aleteo, y esos golpes de las alas, tan importantes en el desafío a otros machos, son un elemento destacado de la exhibición (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Cuando canta se yergue sobre los dedos, levanta la cola y la cabeza y separa un poco las alas del cuerpo (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Johnsgard anota que no hay descripciones detalladas de la postura del macho, pero que parece diferir poco de la del gallo rojo (Johnsgard, 1986). Morejohn, citado por él, describió en el gallo rojo y en el de Sonnerat una conducta de «ofrecimiento de bocados» (tidbitting) con una llamada asociada; para el de Lafayette no hay una descripción equivalente (Johnsgard, 1986).
Beebe pudo observar a aves cautivas: los machos de Lafayette atienden siempre a las gallinas, las alimentan y las cortejan con mucha dedicación; en las pocas veces que se aparearon en cautividad, fue con una sola de varias gallinas domésticas, y cuando se les introdujeron varias hembras híbridas, el macho silvestre se apareó con ellas sin demora (Beebe, 1921). Cuando llama a la gallina, emite un «chack, chack» bajo, a veces seguido de un tremolo sofocado (Beebe, 1921).
Un nido en el suelo, dos a cuatro huevos y una cría que dura todo el año: lo que se sabe y lo que las fuentes discuten.
Las fuentes consultadas difieren en el tamaño de la puesta. La más habitual en las descripciones de cría es de entre 6 y 12 huevos, repetida en varias estaciones; en cambio, otras fuentes señalan como puesta típica dos huevos (entre dos y cuatro) y atribuyen las puestas de hasta nueve a más de una hembra. Los huevos son de color blanco amarillento, salpicados de negro o de rojizo, según unas descripciones, y de color crema pálido con finas manchas marrones y púrpuras, según otras. La incubación dura 21 días (de 20 a 21 días en cautividad).
Calendario anual
Se han encontrado huevos en todos los meses, con mayor frecuencia entre febrero y mayo; en el norte de Sri Lanka, de febrero a agosto y, en Batticaloa (este), de febrero a octubre. El nido se sitúa normalmente en el suelo, entre arbustos, bajo troncos o entre las raíces de grandes árboles, pero también en tocones o bifurcaciones de árboles bajos, hasta 4 m de altura; puede aprovechar nidos viejos de ardillas o de córvidos.
EFMAMJJASOND
Canto del machocasi todo el año; máximo al amanecer (Beebe, Madge y McGowan)
Puesta principalde febrero a mayo en la isla entera (Beebe, Johnsgard, Madge y McGowan)
Puesta en el nortede febrero a agosto (Beebe, Johnsgard)
Puesta en Batticaloa (este)todos los meses salvo noviembre, diciembre y enero (Beebe, Johnsgard)
Segunda temporadahacia agosto y septiembre (Ceylon Bird Club)
Subida a las colinas por la nilludesde diciembre y hasta junio, cuando fructifica (Beebe)
Muda anualnormalmente en septiembre y octubre (Beebe)
En cautividad, hemisferio norteabril; en el hemisferio sur, octubre (libro del autor, Chintaguay)
El calendario es orientativo y varía con la altitud y con los años. Beebe ve una explicación en el desfase de los nidos destruidos por los depredadores y no en una doble puesta; Beebe, Johnsgard y Madge y McGowan hablan de una cría repartida por todo el año, con un máximo de febrero a mayo.
Beebe interpreta el carácter «elástico» de la época de cría, propio de los trópicos, como el resultado de que muchos nidos son destruidos por sus enemigos y se retrasan por ello las puestas (Beebe, 1921). Según él, los meses más usuales son de febrero a mayo, pero hay huevos en septiembre y en noviembre; en Batticaloa se dice que los hay todos los meses salvo noviembre, diciembre y enero (Beebe, 1921). En el norte de la isla los nidos se encuentran de febrero a agosto (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Madge y McGowan resumen la cría principal de febrero a mayo, con otros meses según las condiciones (Madge y McGowan, 2002); el Ceylon Bird Club cita una temporada principal a comienzos del año y una segunda hacia agosto y septiembre (Ceylon Bird Club).
En estado natural se reproduce con bastante facilidad.
El nido
No hay un verdadero trabajo de construcción. Los huevos reposan en un hueco que a veces es natural y a veces ha sido rascado por el ave, y entonces conserva las huellas de la excavación; la mayoría de las veces no tiene más forro que las hojas ya presentes, y los huevos descansan sobre la tierra desnuda o sobre la arena (Beebe, 1921). Las hojas secas de los nidos del suelo forman un fondo que camufla perfectamente a la hembra que incuba; se sienta muy pegada al suelo y no abandona los huevos sino cuando el peligro está sobre ella (Beebe, 1921).
Los sitios son muy variados. Beebe halló dos nidos, uno junto al tronco de un arbolillo, protegido por enredaderas, y otro bajo las ramas colgantes de un arbusto espinoso al borde de un claro; otros lugares del suelo pueden ser una mata de hierba o de bambú, al abrigo de las torretas de un termitero rodeado de hierba o en la base hueca de un tocón podrido (Beebe, 1921). Thomas encontró un nido bajo un tronco viejo y otro sobre un tocón podrido a siete pies (unos 2 m) del suelo; Parker anotó varios en la copa de los árboles y en nidos abandonados de ardillas, y uno en un árbol joven a treinta pies (unos 9 m) de altura, que debía de ser el antiguo nido de un cuervo o un gavilán, aprovechado por la gallina (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Beebe se pregunta cómo bajarían al suelo los pollos de esos tres huevos, y concluye que probablemente se rompieron el cuello (Beebe, 1921). Madge y McGowan resumen el nido como de hojas secas, a veces en un raspado en el suelo entre las raíces de un árbol grande o bajo troncos, pero normalmente algo por encima del suelo, en un tocón o en ramas hasta 4 m de altura, en vegetación densa; la ficha original recoge esa altura (Hernández García, 2013; Madge y McGowan, 2002).
Puesta y huevos
Fuente
Huevos por puesta
Color y observaciones
Beebe (1921)
De 2 a 8; 4 es lo más frecuente; 5 en un nido con pigmentación peculiar de un solo ave; 8–10 en Horton Plains en la época de la nillu, de dos hembras; en la leyenda de la lámina, 5 o 6 (Beebe, 1921)
Blanco liso, ante o café con leche, con o sin moteado pardo rojizo; de 45 a 48 mm de largo por 33–36 mm de ancho (Beebe, 1921)
Crema blanquecino con fino punteado oscuro (CBC); crema con tinte amarillo o rosa, a veces con manchas púrpura o pardas, a veces rojos o manchados (Wikipedia)
La incubación dura 20–21 días en las fuentes que se citan sobre aves cautivas: Delacour, Johnsgard, Madge y McGowan, Howman (1979, 1993 y 1996), Chintaguay y la ficha técnica del segundo volumen del libro del autor coinciden en ese intervalo (del Campo, 2006; Delacour, 1977; Hernández García, 2014; Howman, 1979; Howman, 1993; Howman, 1996; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002); el primer volumen del libro dice que es la más corta de todos los gallos, 20 días, frente a 21–26 en el gallo verde, y Wikipedia añade que puede ser de solo 20 (Hernández García, 2013; Wikipedia). Beebe señala que los gallos silvestres, los faisanes dorado y de Lady Amherst y los espoloneros eclosionan en unas tres semanas (Beebe, 1918). La hembra incuba sola; según Beebe, el macho no incuba ni se acerca al nido, aunque permanece cerca y canta de vez en cuando durante la incubación (Beebe, 1921; Hernández García, 2013). Algunas personas contaron a Beebe que la hembra cacarea al poner un huevo o al salir a comer, pero él no pudo confirmarlo; lo que sí vio es que ella va hacia el macho en esos momentos y comen juntos, tras lo cual vuelve a los huevos (Beebe, 1921).
Los pollos y su crianza
Dos o tres pollos son el número habitual que eclosiona, o al menos que llega a la madurez; siete es la pollada más grande que se ha visto con una sola hembra, cifra que quizá corresponda a dos hembras (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Las alas se desarrollan muy rápido, pero durante al menos dos semanas los pollos dependen por completo de su extraordinaria capacidad de ocultarse (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). Cuando se asusta, la hembra emite un «clock» agudo y se aleja despacio del peligro, medio volando y medio corriendo si un perro la ataca; en cuanto suena el aviso, los pollos desaparecen agachándose en el sitio o corriendo a esconderse bajo hojas secas o una rama caída, y allí permanecen hasta que ella vuelve (Beebe, 1921). Beebe se sentó una hora cerca de donde se habían ocultado unos pollos sin ver ni oír a ninguno; la gallina solo repitió el aviso dos veces (Beebe, 1921). Cuando los jóvenes han alcanzado tres cuartos de su tamaño dejan de esconderse y todavía no son lo bastante independientes para huir al primer aviso; si se mata a la gallina, siguen corriendo por la zona, llamando (Beebe, 1921). Los pollos comen sobre todo termitas y pequeños insectos que rascan entre las hojas (Beebe, 1921).
El macho siempre es el primero en marcharse cuando se acerca alguien, y la hembra y la pollada le siguen; durante los meses en que los jóvenes están con los padres se ve juntos al macho y a la hembra, aunque el macho no se acerca nunca de cerca al nido (Beebe, 1921). Johnsgard, que cita el mismo texto de Beebe, anota que, para Baker (1930), no hay ninguna señal de que el macho se interese por la cría (Johnsgard, 1986). Según el libro del autor y el recuadro de Wikipedia, el macho alfa vigila desde una posición cercana y los machos beta protegen el territorio de anidación (Hernández García, 2013; Wikipedia). Los jóvenes abandonan el territorio cuando son adultos y se establecen en otro lugar (Beebe, 1921). Johnsgard anota que hacen falta dos años para alcanzar el plumaje adulto completo y la madurez sexual (Johnsgard, 1986).
Sistema de apareamiento
Su reproducción resulta difícil en cautividad, pero es óptima en estado libre.
El sistema de apareamiento en estado salvaje no está bien establecido: se observan con regularidad parejas y tríos, mientras que en cautividad un macho puede asociarse a varias hembras. Estudios de campo recientes describen una poliandria facultativa, en la que una misma hembra suele estar vinculada a un grupo de dos o tres machos, probablemente hermanos entre sí. Dentro de ese grupo, el macho dominante se encarga de vigilar el nido mientras los machos subordinados defienden el territorio frente a rivales y depredadores, un reparto de tareas poco habitual entre los fasánidos.
Fuente
Sistema de apareamiento
Beebe (1921)
Monógamo y polígamo, sin predominio de una forma: dos gallinas emparejadas con un mismo macho y tres parejas que alimentaban y dormían aisladas; tres es el mayor número de hembras de que le hablaron con un solo macho (Beebe, 1921)
Johnsgard (1986)
Facultativamente monógamo o polígamo, según Beebe, con tres como el mayor número de hembras con un macho; «aparentemente polígamo», sin atención del macho a la cría, según Baker (Johnsgard, 1986)
En estado salvaje, una hembra vinculada a dos o tres machos, normalmente hermanos; en cautividad, un macho con varias hembras (Hernández García, 2013; Wikipedia)
El macho joven no adquiere su coloración definitiva hasta el segundo año de vida.
Delacour comprobó personalmente que los machos de primer año son incapaces de reproducirse, y Johnsgard escribe que suelen ser infértiles y que el plumaje completo no se alcanza hasta el segundo año (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986). Madge y McGowan precisan que el plumaje del macho se adquiere en el primer invierno, pero no completo hasta el segundo año (Madge y McGowan, 2002). Howman (en sus tres ediciones), el libro del autor y Chintaguay dan el plumaje adulto o la madurez en el segundo año (del Campo, 2006; Hernández García, 2014; Howman, 1979; Howman, 1993; Howman, 1996).
11
Cría en cautividad
De «no prospera» a «tan fácil como el rojo»: la fama cambiante de un gallo que hoy sufre la consanguinidad.
La cría en cautividad del gallo de Lafayette tiene una historia contradictoria. Beebe, en 1921, decía que ni siquiera en Ceilán prosperaba y que solo un puñado de ejemplares se había criado desde el nido y se había mantenido varios años con salud; Delacour, en el texto consultado, la daba por sencilla, tan resistente y prolífica como el gallo rojo; el libro del autor la califica hoy de difícil y de ave rara por sus necesidades de alimento vivo (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Hernández García, 2013).
Fuente
Qué dice sobre su dificultad en cautividad
Beebe (1921)
No prospera bien ni en Ceilán; hace falta mucha cobertura, sol y abundancia de insectos; las aves capturadas adultas se lanzan contra el techo, y la primera semana es crítica (Beebe, 1921)
Delacour (1977)
Considerado difícil de mantener durante mucho tiempo, es en realidad tan sano y prolífico como el gallo rojo; fue escaso por la poca habilidad de los cazadores de Ceilán (Delacour, 1977)
Howman (1979, 1996)
Muy descuidado en cautividad, con números razonables solo en América; aviario que puede ser pequeño (Howman, 1979; Howman, 1996)
Howman (1993)
Ave rara en cautividad, con una atención insuficiente de los aviculturistas y más sensible al frío en invierno que el gallo rojo; hembras razonablemente prolíficas; la facilidad aparente de cría puede inducir a error sobre lo fácil que es mantenerla a largo plazo; aviario mínimo de 150 pies cuadrados (14 m²) (Howman, 1993)
Chintaguay (2006)
Entre los gallos silvestres, el gris y el de Ceilán, «bastante fuertes y fáciles de criar»; el verde, delicado (del Campo, 2006)
Libro del autor, vol. I (2013)
Reproducción difícil en cautividad; particularmente vulnerable a enfermedades bacterianas; sus necesidades no se cubren con alimentos procesados: raros en cautividad (Hernández García, 2013)
Beebe señala que incluso en Ceilán es raro que los gallos silvestres se mantengan bien en cautividad, y que apenas hay casos de aves criadas desde el nido y mantenidas durante años con buena salud y plumaje (Beebe, 1921). Necesitan mucha cobertura, sol a voluntad y abundancia de insectos; en el primer momento tras la captura, si el ave es adulta, los primeros días son críticos, porque a la menor molestia se lanzan una y otra vez contra el techo de la jaula, y una gallina doméstica joven puesta con ellas ayuda mucho a calmarlas y a que coman (Beebe, 1921). Los climas mejores son los de tierras bajas y altitudes medias, porque los gallos cautivos notan el frío a más de cuatro mil pies (unos 1.200 m), y los insectos son menos abundantes en las alturas (Beebe, 1921).
Los experimentos de los miembros del Ceylon Poultry Club, que Beebe resume, aportan detalles de comportamiento. El único experimentador que logró híbridos, Clement Johnson, obtuvo unos treinta pollos del cruce de un gallo silvestre con una gallina doméstica; sus dos gallinas silvestres, alojadas en una gran jaula cubierta con el macho y dos gallinas domésticas, se amansaron con mucha rapidez y fueron grandes amigas del macho (Beebe, 1921). A una de ellas, enferma, hubo que soltarla: solo pensó en volver a entrar en el recinto, y desapareció una noche, probablemente por un gato de la jungla; a la otra, que padeció viruela aviar, la soltaron también, y volvió una y otra vez aunque la llevaron lejos, se curó sola en la selva y vivió luego año y medio en el jardín, junto a los híbridos jóvenes, con los que dormía en un árbol (Beebe, 1921). Esa gallina hizo un nido en el jardín, puso tres huevos y se sentó sobre ellos, pero rechazaba a los híbridos jóvenes y los huevos eran infértiles; sustituidos por huevos de la gallina doméstica del macho, los incubó, y al romperse un huevo huero las hormigas la echaron del nido y mataron a los dos pollitos recién nacidos (Beebe, 1921). El macho solo se emparejó con una gallina doméstica y rechazó a todas las demás; se debilitó en una jaula nueva, lo soltaron, volvió de noche al recinto y a la mañana siguiente apareció muerto, tras dieciséis meses de cautividad (Beebe, 1921). El resumen de esos experimentos concluye que, hasta 1921, las gallinas silvestres no habían criado en cautividad (Beebe, 1921).
Instalaciones y carácter
Howman dice en 1979 y en 1996 que el recinto puede ser pequeño, y en 1993 fija un mínimo de 150 pies cuadrados (14 m²), con la advertencia de que la aparente facilidad de cría puede hacer creer que el ave es más fácil de mantener a largo plazo de lo que es (Howman, 1979; Howman, 1993; Howman, 1996). Delacour, que trata a los cuatro gallos juntos, escribe que prosperan en cualquier tipo de jaula, aunque sea pequeña, con un refugio contra la lluvia y el viento; que en Clères los tenía en recintos grandes, con mucha hierba y arbustos, en compañía de tragopanes, monales, argus y faisanes orejudos, con los que no se molestaban; que varias gallinas pueden ir con un solo macho; que ponen en el suelo, bajo los arbustos o en cajas, y que son buenas madres, aunque salvajes; y que su único inconveniente es la manía de rascar, que destroza la hierba y levanta la tierra de la pajarera si no se les da mucho espacio (Delacour, 1977).
Del Campo, que cría estos gallos en Chile, aconseja, para el alojamiento de faisanes en general, entre 1 y 2 m² por ave adulta, en jaulones cerrados (del Campo, 2006). Recomendación editorial: con un solo macho por recinto o con machos separados por una malla doble, para evitar peleas, y con el sotobosque denso, el sol y las zonas de arena que Beebe consideraba imprescindibles.
La puesta en cautividad y la incubación
Delacour dice que en cautividad cría en primavera y verano, a veces muy tarde, y que los primeros pollos de Londres, en 1928, se criaron en septiembre (Delacour, 1977). La puesta en cautividad es la de las fichas técnicas de cría: según Chintaguay, madurez sexual a los 2 años, 2–4 huevos por puesta, en abril en el hemisferio norte y en octubre en el sur, e incubación de 20–21 días; el segundo volumen del libro del autor da 2–3 huevos, 20–21 días y las mismas épocas de puesta (del Campo, 2006; Hernández García, 2014).
Gallos silvestres
Huevos (Howman 1993)
Huevos (Chintaguay)
Huevos (libro del autor)
Incubación (días)
Época de puesta
Madurez (años)
Gallo rojo
8–10
4–8
5–6
19–21
N: principios de marzo · S: principios de septiembre
2 (primer año según Howman 1979)
Gallo de Sonnerat
4–8
4–8
3–5
20–21
N: abril · S: octubre
2
Gallo de Lafayette
2–4
2–4
2–3
20–21
N: abril · S: octubre
2
Gallo verde
6–10
4–6
3–4
21
N: abril · S: octubre
1–2 (Chintaguay), 2 (libro)
N = hemisferio norte; S = hemisferio sur. Howman (1993), Chintaguay (2006) y libro del autor, vol. II, ficha técnica de incubación; Howman (1979) da para el gallo rojo y el de Lafayette las mismas cifras (del Campo, 2006; Hernández García, 2014; Howman, 1979; Howman, 1993).
Los parámetros de incubación artificial, comunes a casi todos los faisanes, son los siguientes; con 20–21 días, el gallo de Lafayette comparte con el gallo rojo (19–21) y el de Sonnerat (20–21) las incubaciones más cortas de los faisanes (del Campo, 2006; Hernández García, 2014). La pauta de del Campo, medida «a la altura media del huevo», sirve de referencia general (del Campo, 2006). Recomendación editorial: aplicar la duración propia de la especie (20–21 días) y no la de otras especies de la misma tabla.
Fase
Valor recomendado
Conservación de los huevos antes de incubar
13–15 °C y 75 % de humedad relativa, con la punta fina hacia abajo
Cuándo empezar a incubar
Al día siguiente de la puesta y antes de los 10 días (lo ideal: no más de 7); la fertilidad cae deprisa con la edad del huevo
Precalentamiento
6–8 horas a unos 23 °C antes de entrar en la incubadora, para evitar el choque térmico y la condensación
Temperatura
37,5 °C durante toda la incubación, hasta que el pollo se seca
Humedad relativa
55–60 % hasta tres días antes de la eclosión y 65–70 % durante los tres últimos días; por encima del 70 % hay riesgo de ahogo
Volteo
3 o 4 veces al día, hasta tres días antes de la eclosión
Últimos tres días
Sin volteo; la temperatura baja un grado y la humedad sube como máximo un 10 %. Conviene pasar los huevos a una nacedora
Después de nacer
24–48 horas en la nacedora, sin comida ni agua: se secan y viven de la reserva del saco vitelino (que les basta de 3 a 4 días)
Los pollos requieren una dieta constante de alimento vivo (insectos e isópodos como las cochinillas de la humedad), según el libro del autor, que advierte de que ni ellos ni, en menor medida, los adultos aprovechan bien las proteínas y las grasas vegetales y de que los piensos comerciales corrientes no bastan (Hernández García, 2013). Beebe anota que en Ceilán se cree que los pollos no pueden criarse sin termitas, que en las aves que examinó formaban cuatro quintas partes de su comida (Beebe, 1921). Las pautas de calor de Chintaguay para pollos de faisán en general son 36 °C en nacedora en los días 1–2, 32 °C en criadora de los días 2–7, 30 °C de los días 8–14, 28 °C de los 15–21 y 26 °C de los 22–28, y 24 °C hasta los 35 días (del Campo, 2006). El apéndice sanitario del libro recuerda que la coccidiosis es la enfermedad más corriente y que es importante evitar las zonas húmedas (Hernández García, 2014). Recomendación editorial: ofrecer termitas, larvas de tenebrio u otro alimento vivo en los primeros 15 días, junto al pienso iniciador.
Anilla
La tabla de diámetros de anilla asigna al gallo de Lafayette el valor 12, el mismo que a los demás gallos silvestres y al koklas; la tabla no expresa la unidad de medida (Hernández García, 2014).
Enfermedades y estrés
El libro del autor y Wikipedia advierten que, en cautividad, esta especie es particularmente vulnerable a las enfermedades bacterianas comunes en las aves de corral; Wikipedia cita expresamente la salmonelosis (Salmonella pullorum) (Hernández García, 2013; Wikipedia). El apéndice sanitario del segundo volumen describe las enfermedades de los faisanes en general: la coccidiosis, la más frecuente y especialmente grave en los pollos; la tricomoniasis, la ascaridiasis, la capilariosis, la teniasis, la singamosis, el síndrome de enteritis transmisible, la salmonelosis, la pasteurelosis y la micoplasmosis, con la recomendación de higiene rigurosa, parques en rotación, lotes homogéneos y ausencia de sobredensidad (Hernández García, 2014). Una guía de causas probables de los fallos de eclosión (huevos claros, embriones muertos, pollos viscosos, dedos torcidos, entre otros) vale para esta especie igual que para el resto (Hernández García, 2014). Recomendación editorial: ante cualquier sospecha, un diagnóstico veterinario con análisis de laboratorio es preferible a tratar por cuenta propia.
Inseminación artificial
El apéndice del libro dedica un apartado a la inseminación artificial como técnica para superar la infertilidad en especies con muchos huevos infértiles; la presenta como una técnica arriesgada, que solo debe aplicar quien tenga experiencia, y pone como ejemplo al tragopán de Cabot (Hernández García, 2014). No se documenta en las fuentes aquí revisadas su uso en el gallo de Lafayette (Hernández García, 2014).
Consanguinidad y calidad de las líneas
La población en cautividad es bastante abundante; sin embargo, en los últimos tiempos está disminuyendo y perdiendo calidad a causa de la consanguinidad de los ejemplares. El libro del autor lo dice en los mismos términos (Hernández García, 2013). Delacour dejó escrito que los lotes de Clères se destruyeron durante la guerra y que los de otros países desaparecieron por abandono (Delacour, 1977). Recomendación editorial: llevar un registro de parentescos, intercambiar machos entre criadores y evitar emparejar hermanos.
12
Estado de conservación
Preocupación menor desde siempre en las listas, con una población que nadie ha contado.
LC
Preocupación menor
Población estable y extendida. Región: Sur de Asia.
LC
NT
VU
EN
CR
EW
EX
Preocupación menor
Casi amenazado
Vulnerable
En peligro
En peligro crítico
Extinto en la naturaleza
Extinto
Menor riesgoMayor riesgo
Escala de la Lista Roja de la UICN, de menor a mayor riesgo de extinción. La categoría de esta especie aparece destacada.
La UICN la clasifica como de preocupación menor: tolera bien las perturbaciones humanas y la degradación del hábitat, y su área de distribución, restringida, se estima en 55.600 km².
BirdLife International mantiene esa categoría en todas sus evaluaciones, desde 1988 hasta la de 2024, y estima el área de presencia en 62.800 km² (BirdLife, 2024). La especie no está considerada globalmente amenazada y es localmente abundante en áreas protegidas y en lugares remotos, aunque Madge y McGowan advierten de que no hay información reciente detallada (BOW, 2020; Madge y McGowan, 2002).
Cómo ha ido cambiando la valoración
Las valoraciones de la especie han sido siempre tranquilas. Beebe pensaba, en 1921, que la aversión religiosa de los budistas a quitar la vida y el uso poco extendido de las plumas aseguraban la existencia del ave durante muchos años; Johnsgard, en 1986, no veía motivo de preocupación porque la especie sobrevive bien a la perturbación del hábitat y a la actividad humana; el plan de acción de la UICN y la WPA, en 2000, la clasificaba como de riesgo bajo, aunque con un área restringida cuya situación debía vigilarse (Beebe, 1921; Fuller y Garson, 2000; Johnsgard, 1986).
Año
Fuente
Valoración
1921
Beebe
La aversión budista a matar y el escaso uso de las plumas favorecen su existencia durante muchos años; no la incluyen las leyes de caza de la época; en los distritos de colinas quizá sea cada vez más escasa (Beebe, 1921)
Edición de 1951 (impresión de 1964)
Delacour
No valora la especie en libertad; relata que las aves cautivas, de las que se criaba bien, habían desaparecido casi por completo tras la guerra (Delacour, 1977)
1986
Johnsgard
Pocas razones de preocupación: sobrevive bien a la perturbación del hábitat y a la actividad humana (Henry 1955); la baja fertilidad de los híbridos con el gallo rojo evita probablemente una infusión significativa de genes ajenos (Johnsgard, 1986)
Riesgo bajo, preocupación menor: área global restringida pero tolerante a cierto impacto humano; situación que debe vigilarse (Fuller y Garson, 2000)
2002
Madge y McGowan
No considerada globalmente amenazada; tolerante a la modificación del hábitat y a la perturbación humana; sin información reciente detallada (Madge y McGowan, 2002)
2013
Libro del autor (vol. I)
La población en la naturaleza no llegaría a los umbrales de vulnerabilidad; tendencia estable; población total no cuantificada, que se considera inferior a 10.000 individuos (Hernández García, 2013)
2024
BirdLife International
Preocupación menor en todas las evaluaciones desde 1988; área de presencia de 62.800 km²; población no cuantificada, tendencia sospechada estable (BirdLife, 2024)
Las fechas de las obras clásicas son las de los textos consultados; no se pretende que reflejen la situación actual de las aves.
La población: lo que se sabe y lo que no
En las fuentes aquí revisadas no hay una estima de población global fiable. La única cifra numérica que se ha encontrado en las fuentes es la del libro del autor, que dice que el tamaño de la población total no ha sido cuantificado, pero se considera que es inferior a 10.000 individuos, y que por eso se están llevando a cabo evaluaciones (Hernández García, 2013). BirdLife International y Madge y McGowan, en cambio, no dan cifra: la población es de tamaño desconocido, aunque se describe como localmente abundante, con una tendencia que se sospecha estable (BirdLife, 2024; Madge y McGowan, 2002). Las únicas medidas directas son locales: dos parejas criaban a unos 180 m una de otra en el matorral del sureste, en tiempos de Beebe, y 24 machos cantaban al alcance del oído a lo largo de 1,6 km de camino en el parque nacional de Wilpattu, en una zona de las de mayor densidad (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986).
Dos parejas a unos 180 m (Beebe); 24 machos cantando en 1,6 km (Collias y Collias) (Johnsgard, 1986)
Solo una fuente da una cifra, y es un límite superior; con una sola estima no se puede calcular una media aritmética orientativa.
62.800km²
área de presencia estimada por BirdLife (2024)
10.000aves como máximo
según el libro del autor, sin que la población se haya cuantificado
LCUICN
preocupación menor en todas las evaluaciones desde 1988
Programas de cría y papel de la cautividad
El programa regional de conservación de los galliformes de la EAZA, hacia el año 2000, asignaba al gallo de Lafayette «investigación taxonómica y genética», igual que a los otros tres gallos silvestres, y no un programa de cría europeo (EEP) o de cría de reserva (ESB) (Hernández García, 2014). Fuller y Garson recomendaban mantener los libros genealógicos existentes y ampliar el trabajo con muestras de ADN para detectar y eliminar líneas híbridas en cautividad, y aplicar esas técnicas a investigar el grado real de mezcla entre la gallina doméstica y los gallos silvestres (Fuller y Garson, 2000). Recomendación editorial: como el ave no está globalmente amenazada, la cautividad sirve sobre todo para mantener y estudiar la especie en líneas puras, y para no perder los conocimientos de manejo; conviene registrar el origen de cada ejemplar.
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Amenazas y protección
Trampas, plumas y bosques que se aclaran: amenazas modestas en un ave que tolera la perturbación.
Las amenazas del gallo de Lafayette son modestas y, en general, locales. Es una especie que tolera la perturbación humana y la degradación del hábitat, y las fuentes que la tratan en detalle (Beebe, Johnsgard, Madge y McGowan) no le atribuyen ninguna amenaza grave; los riesgos que señalan son la captura con trampas, la pérdida del bosque de montaña, las garrapatas y la hibridación con las aves domésticas (Beebe, 1921; Fuller y Garson, 2000; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Amenaza
Detalle
Fuente
Captura con trampas y lazos
Los nativos usan cercas de palitos con huecos y lazos de pelo sujetos a un resorte, y redes de unos 6 pies de altura y 20 yardas de largo tendidas en una cañada, hacia las que un grupo de cingaleses empuja con ruido a las aves; es, según Beebe, la forma más eficaz en los bosques de las colinas
Se atrae a los machos imitando el aleteo; los nativos lo hacen golpeándose el muslo con la mano ahuecada; los europeos, con un pañuelo doblado golpeado con la palma
Se adapta en parte a la deforestación y vive en plantaciones de café y en matorral; en los distritos de colinas es donde, si en alguno, se volvía más escasa en su época
Algunas aves arrancan sistemáticamente las plantaciones recién sembradas y hay que espantarlas o abatirlas, aunque en conjunto son una cantidad despreciable
El plan de acción UICN/WPA considera que la integridad genética de los gallos silvestres puede estar en riesgo, pues todos producen híbridos fértiles con el gallo rojo; Johnsgard cree que la baja fertilidad de los híbridos con el gallo de Lafayette evita una infusión significativa de genes del gallo rojo
Beebe recoge opiniones opuestas sobre la carne: algunos cazadores se entusiasman con la delicadeza de la carne, por la variedad de lo que come el ave; otros la describen como dura e insípida y casi incomestible, y él mismo, en el sur de Ceilán, juzgó que apenas merece la pena disparar a un gallo cuando se pueden conseguir palomas, y oyó de muchos europeos de varias partes de la isla que solo los nativos lo comen (Beebe, 1921). Esa circunstancia, unida a la aversión religiosa de los budistas a quitar la vida, es para él una razón a favor de la supervivencia de la especie durante muchos años (Beebe, 1921).
Protección legal
En las leyes de caza recientes en 1921, según Beebe, el gallo de Lafayette no se incluía entre los animales considerados «caza», que eran cuatro especies de ciervos, el pavo real, la perdiz gris, la perdiz pintada y el espolonero de Ceilán (Ceylon spur-fowl); sí figuraba en una cláusula que prohibía disparar de noche y cazar con redes caza o gallos silvestres, salvo si entraban en tierra cultivada, con una multa de cien rupias o tres meses de cárcel (Beebe, 1921). Beebe resume que el ave estaba entonces totalmente desprotegida por la ley y, aun así, se mantenía en la mayor parte de los lugares (Beebe, 1921). Las fuentes consultadas no recogen su situación legal actual, ni en Sri Lanka ni en el comercio internacional, y esta ficha no la afirma.
La amenaza de los genes domésticos
Fuller y Garson, en el plan de acción de 2000, recuerdan que el gallo rojo se hibrida con la gallina doméstica, a la que dio origen, y que los otros tres gallos silvestres (el gris, el de Sri Lanka y el verde) pueden correr un riesgo parecido, pues los tres producen híbridos fértiles con el gallo rojo según Johnsgard (1999); piden que se estudie el grado de mezcla entre las aves domésticas y los gallos silvestres (Fuller y Garson, 2000). En el caso del gallo de Lafayette, Johnsgard cree que la menor fertilidad de los híbridos evita probablemente una infusión importante de genes del gallo rojo (Johnsgard, 1986). Los estudios genómicos citados en el capítulo de variedades hallan señales de flujo génico del gallo de Lafayette hacia la gallina doméstica, mucho menor que el del gallo de Sonnerat (Lawal et al., 2020). No se documenta en las fuentes aquí revisadas la magnitud actual de la mezcla con aves domésticas en Sri Lanka.
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Subespecies y variación
Una especie monotípica con una forma discutida, un sinónimo famoso, una clave de identificación y un híbrido que no se ponen de acuerdo en si es fértil.
El gallo de Lafayette es una especie monotípica: no se reconoce ninguna subespecie, a diferencia de lo que ocurre con su pariente el gallo rojo (Gallus gallus), del que se describen cinco subespecies geográficas distintas.
Los nombres stanleyi y ecaudatus son sinónimos, no subespecies; véanse el capítulo de sistemática y el de historia.
La forma xanthimaculatus
Se presenta aquí esta forma para que el lector conozca la posibilidad, aunque su validez es discutida. El año de su descripción (1957) y el hecho de que Ripley no la aceptara en 1961 proceden solo de Johnsgard y de Madge y McGowan; no se ha localizado la descripción original, de modo que esos datos se dan tal como esas obras los recogen (Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Descrita por Deraniyagala en 1957; Ripley no la aceptó en 1961 y Madge y McGowan dicen que rara vez se reconoce (Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002)
Sin datos propios; como el resto de la especie, preocupación menor (BirdLife, 2024)
Fotografía
Esta ficha no dispone de ninguna fotografía de la forma. Las fotos de la especie, de aves cautivas, están en los capítulos de morfología y reproducción
No se presenta como subespecie válida. Se recoge aquí porque es el único nombre trinomial que aparece en las fuentes, y como ejemplo de lo que dijo Beebe: los autores que han mirado series de aves de distintas regiones de Ceilán no han hallado diferencias que justifiquen separar poblaciones (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986; Madge y McGowan, 2002).
Claves dicotómicas para distinguir los gallos silvestres
La ficha original ofrece una clave para diferenciar los cuatro gallos silvestres, basada en Wikipedia; coincide en lo esencial con la clave del género de Delacour, que se reproduce después (Delacour, 1977; Wikipedia). Las hembras se separan por el color y el dibujo del pecho y las alas; los machos, por la forma de las plumas del cuello y el color del pecho.
Clave dicotómica para diferenciar a las HEMBRAS de los gallos silvestres
1.- Pecho en color uniforme
1.1.- Pecho rojizo; Partes superiores finamente vermiculadas (adornadas con estrías):Gallo rojo (Gallus gallus spp )
1.2.- Pecho marrón pálido; Partes superiores fuertemente marcadas en negro:Gallo verde (Gallus varius)
2.- Pecho fuertemente estampado
2.1.- Pecho moteado de color pálido y marrón oscuro; Alas y cola fuertemente barradas:Gallo Lafayette (Gallus lafayettii)
2.2.- Pecho con manchas blancas con bordes marrones; Alas y cola finamente vermiculadas (adornadas con estrías):Gallo Sonnerat (Gallus sonneratii)
Clave dicotómica para diferenciar a los MACHOS de los gallos silvestres
Tienen cresta, espolones y plumas del cuello (esclavinas) más desarrolladas:
1.- Plumas del cuello (esclavinas) cortas con puntas anchas, verde iridiscente:Gallo verde (Gallus varius)
2.- Plumas del cuello (esclavinas) opacas o largas y estrechas:
2.1.- Pecho rayado
2.1.1.- Pecho rayado con naranja, rojo y marrón:Gallo Lafayette (Gallus lafayettii)
2.1.2.- Pecho rayado en gris, blanco y negro:Gallo Sonnerat (Gallus sonneratii)
2.2.- Pecho Negro:Gallo rojo (Gallus gallus spp )
Delacour da una clave del género muy parecida, con las mismas separaciones: en los machos, el cuello de plumas cortas con la punta ancha verde metálico es del gallo verde; en los de cuello de plumas largas y estrechas o negras (plumaje de eclipse), el pecho negro es del gallo rojo, y el pecho rayado de naranja rojo y pardo oscuro, del de Lafayette, o de gris, negro y blanco, del de Sonnerat; en las hembras, el pecho casi uniforme es rufo con las partes superiores finamente vermiculadas (rojo) o pardo pálido con las superiores muy marcadas de negro (verde), y el pecho muy marcado, moteado de ante pálido y pardo oscuro con alas y cola muy barradas (Lafayette) o blanco y negro con alas y cola finamente vermiculadas (Sonnerat) (Delacour, 1977).
La variación individual es grande: Beebe describe que apenas hay dos hembras iguales, que los machos jóvenes van de castaños moteados a casi adultos en la primera muda, y que, entre las aves de Ceilán, se citan una hembra casi blanca cerca de Anuradhapura y diferencias de tono entre las aves del sur (más pardas) y las del norte (más rojizas), sin que series completas de aves permitieran probar diferencias regionales (Beebe, 1921). En cautividad no se documentan en las fuentes aquí revisadas mutaciones de color establecidas, como sí ocurre en otras especies de faisanes.
El gallo sin cola
Temminck conoció a la especie, en 1807, por ejemplares sin cola, que describió como Gallus ecaudatus; Wikipedia y el trabajo de van Grouw y colaboradores (2017) recuerdan que Darwin intentó negar en 1868 que existiesen gallos silvestres sin cola en Ceilán (van Grouw et al., 2017; Wikipedia). Los gallos sin cola (rabones) se conocen también entre las gallinas domésticas desde hace siglos: Aldrovandi ilustró hacia 1600 la gallina persa sin cola, y Linneo la consideró una variedad del gallo rojo (van Grouw et al., 2017).
Híbridos
El gallo de Lafayette se cruza con las gallinas domésticas y con los otros gallos silvestres, y las fuentes no se ponen de acuerdo sobre la fertilidad de esos híbridos: es el punto más discutido de la especie. Beebe resume los experimentos de Ceilán, en que un gallo silvestre dio unos treinta híbridos con una gallina doméstica; los híbridos criados entre sí fueron prácticamente estériles (de unos cien huevos de un año, solo dos pollos, que vivieron doce y dieciocho días), pero no lo fueron al cruzarlos con la gallina doméstica, y los cruces con el progenitor silvestre sugerían fertilidad en algunos casos (Beebe, 1921). Johnsgard escribe lo mismo: los híbridos con el gallo rojo no son fértiles entre sí, aunque el retrocruce con alguno de los progenitores a veces da crías (Johnsgard, 1986). Delacour, en cambio, afirma haber comprobado repetidas veces que el cruce con el gallo rojo es perfectamente fértil, como también el cruce con el gallo de Sonnerat (Delacour, 1977).
Cruce con el gallo de Lafayette
Resultado reportado
Gallo rojo y gallina doméstica
Beebe y Johnsgard: híbridos casi estériles entre sí, fértiles en retrocruce con el progenitor doméstico y, a veces, con el silvestre; Delacour: fértiles en Clères; tabla de hibridación de Johnsgard (1999): híbridos de ambos sexos fértiles; plan de acción UICN/WPA: producen híbridos fértiles con el gallo rojo (Beebe, 1921; del Campo, 2006; Delacour, 1977; Fuller y Garson, 2000; Johnsgard, 1986; Johnsgard, 1999)
Para el conjunto de los gallos, Delacour da cruces con Syrmaticus, Phasianus, Chrysolophus, Pavo, Lophophorus y hasta las pintadas, todos estériles (Delacour, 1977)
La tabla de hibridación de Johnsgard (1999), traducida y adaptada por del Campo, recoge para el gallo de Lafayette exactamente estas tres cruces con otras especies (del Campo, 2006; Johnsgard, 1999).
Beebe añade que los gallos silvestres rara vez se cruzan voluntariamente con las aves de corral de las aldeas, y que muchos «híbridos» que le llevaron los nativos eran simplemente aves domésticas; Johnsgard, en cambio, dice que hay híbridos con la gallina doméstica en las cercanías de las aldeas, y que pueden dificultar la identificación (Beebe, 1921; Johnsgard, 1986). No se documenta en las fuentes aquí revisadas ningún caso de hibridación en libertad entre el gallo de Lafayette y otro gallo silvestre, y los demás gallos no comparten área con él en la isla (Delacour, 1977; Johnsgard, 1986).
La introgresión genética en la gallina doméstica
Se ha detectado, además, introgresión genética del gallo de Lafayette en poblaciones de gallina doméstica (Gallus gallus domesticus), señal de una hibridación ocasional entre ambas especies a lo largo de su historia evolutiva.
El trabajo de Lawal y colaboradores (2020) lo cuantifica de manera relativa: el gallo rojo es el principal ancestro de la gallina doméstica, pero su genoma lleva fragmentos de otras especies; la introgresión del gallo de Sonnerat es amplia y en ambos sentidos, y la del gallo de Lafayette, mucho menor (Lawal et al., 2020). Beebe, en 1921, consideraba que el gallo rojo bastaba como antepasado y que los experimentos de Ceilán tenían interés puramente científico (Beebe, 1921).
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Cultura y curiosidades
El ave nacional de Sri Lanka, un nombre nacido de la política francesa y el eco de «George Joyce» en la selva.
El gallo de Lafayette es el ave nacional de Sri Lanka: la única especie a la vez endémica de la isla y elegida como su símbolo nacional (Hernández García, 2013; Wikipedia). Su nombre científico recuerda a un general francés, y su canto, a un nombre de persona, «George Joyce».
El ave nacional
El libro del autor y Wikipedia lo señalan como ave nacional de Sri Lanka (Hernández García, 2013; Wikipedia). Su nombre cingalés es wali-kukula (en escritura cingalesa, වළි කුකුළා) y el tamil, kattu koli, y en la isla se le ve con facilidad en parques como Kitulgala, Yala y Sinharaja (Beebe, 1921; Ceylon Bird Club; Wikipedia).
Un nombre político
Lesson bautizó la especie en 1831 como «coq Lafayette», y Des Murs comentó, según Beebe, que el nombre indicaba bastante la influencia de las preocupaciones políticas del momento; el epónimo conmemora a Gilbert du Motier, marqués de La Fayette (1757-1834), general y político francés (Beebe, 1921; Hernández García, 2013).
George Joyce
Los europeos que oían al gallo en Ceilán creían percibir en su canto un nombre de varón, «George Joyce»: Beebe lo oyó antes del amanecer, en una noche de hamaca en el sur de la isla, como «chuck, George-Joyce!», y Delacour y Madge y McGowan recogen la misma comparación (Beebe, 1921; Delacour, 1977; Madge y McGowan, 2002). De cerca, dice Beebe, desaparece cualquier parecido con el nombre y se oye una tercera nota, un grito salvaje que nada tiene del canto de un gallo doméstico (Beebe, 1921). La leyenda de la lámina de G. E. Lodge en la obra de Beebe describe el amanecer en los matorrales espinosos del sur de Ceilán, el canto «chuck-George-Joyce!» y los combates a espolonazos entre machos (Beebe, 1921; Beebe, 1926).
Los cingaleses y el gallo
El gallo silvestre ha entrado profundamente en la vida de los cingaleses: el ave silvestre, los descendientes domésticos del gallo rojo y el pavo real aparecen como adornos en tumbas y en otros objetos de todos los periodos, desde la época del bronce, hace unos quinientos años según Beebe (1921), pasando por el latón de los siglos XVIII y XIX, hasta la cerámica reciente; las viejas lámparas de aceite de coco de los templos solían rematarse con figuras de estas aves (Beebe, 1921). Beebe cuenta que, cuando recorría el sur de Ceilán, sus guías tamiles o los veddas, los antiguos pobladores, le ayudaban a encontrar a las aves y sus nidos, y un vedda le encontró uno de sus primeros nidos (Beebe, 1921).
Cacerías y trampas
El método de caza más extendido, practicado por europeos, cingaleses y tamiles, consiste en atraer al gallo imitando el aleteo que precede a su canto; los nativos lo hacen con la mano ahuecada sobre el muslo y los europeos con un pañuelo doblado, y el macho, que cree que invaden su territorio, aparece de pronto, con la rabia creciente y sin dar tiempo de reacción (Beebe, 1921). Las trampas tradicionales incluyen cercas de palitos con huecos y lazos de pelo sujetos a un resorte, y redes para batidas (Beebe, 1921).
Láminas e ilustraciones
La especie se ha ilustrado en láminas clásicas: la excelente lámina del macho de Des Murs (1849); la lámina 33 de la Monograph of the Phasianidae de Elliot (1872) y la lámina de Legge en su obra de las aves de Ceilán, que cita Beebe en su sinonimia; Beebe incluyó la lámina del macho de G. E. Lodge y fotografías del nido y los huevos, y Delacour, láminas de J. C. Harrison del macho y de la hembra (Beebe, 1921; Beebe, 1926; Delacour, 1977).
El libro
Referencias bibliográficas recomendadas
En la sección de bibliografía encontrará materiales y referencias recomendadas para profundizar en el estudio de estas aves.
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Delacour, J. (1977). The Pheasants of the World (2.ª ed.). Hindhead: Spur Publications / World Pheasant Association (1.ª ed., 1951). Los datos de esta ficha se han contrastado con el ejemplar disponible de la 3.ª impresión (1964) de la 1.ª edición.
eBird. Cornell Lab of Ornithology. Mapas de distribución y abundancia de las especies. ebird.org
Fuller, R. A. y Garson, P. J. (eds.) (2000). Pheasants: Status Survey and Conservation Action Plan 2000–2004. Gland (Suiza) y Cambridge: UICN / World Pheasant Association.
Gerrits, H. A. (1974). Pheasants including their Care in the Aviary. Londres: Blandford Press.
Hernández García, I. (2013). Faisanes del mundo. Guía práctica. Volumen I. Edición del autor.
Hernández García, I. (2014). Faisanes del mundo. Guía práctica. Volumen II. Edición del autor.
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Jobling, J. A. (2010). The Helm Dictionary of Scientific Bird Names: From Aalge to Zusii. Londres: Christopher Helm.
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Madge, S. y McGowan, P. (2002). Pheasants, Partridges and Grouse: A Guide to the Pheasants, Quails, Grouse, Guineafowl, Buttonquails and Sandgrouse of the World. Londres: Christopher Helm.
McGowan, P. J. K., Kirwan, G. M. y Boesman, P. F. D. (2020). Sri Lanka Junglefowl (Gallus lafayettii), versión 1.0. En Birds of the World (J. del Hoyo, A. Elliott, J. Sargatal, D. A. Christie y E. de Juana, eds.). Cornell Lab of Ornithology, Ithaca (NY). Tal como se resume en la ficha original de esta web. doi:10.2173/bow.ceyjun1.01
van Grouw, H., Dekkers, W. y Rookmaaker, K. (2017). On Temminck’s tailless Ceylon Junglefowl, and how Darwin denied their existence. Bulletin of the British Ornithologists’ Club 137(4): 261–271. doi:10.25226/bboc.v137i4.2017.a3
Cómo citar esta ficha: Hernández García, I. (2007–2026). Gallo de Lafayette — Gallus lafayettii. En Faisanes del Mundo. Fundación Zoo Koki, faisanesdelmundo.com/lafayette.php.